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Mi vida como trabajadora humanitaria

martes 14 de agosto de 2012 / PMA El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria se celebra anualmente el 19 de agosto. Esta es una fecha para recordar a aquellas personas que diariamente dan sus vidas enfrentandose a situaciones adversas y peligrosas con el propósito de ayudar a otros.

El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria se celebra anualmente el 19 de agosto. Esta es una fecha para recordar a aquellas personas que diariamente dan sus vidas enfrentandose a situaciones adversas y peligrosas con el propósito de ayudar a otros. Este año 2012 el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria lleva el tema "Yo estuve aqui". Con esta campaña se anima a que cada persona en el mundo deje una huella haciendo algo bueno por otra persona en caulquier lugar del mundo.

La huella del personal del PMA en el mundo es principalmente en materia de alimentación y nutrición, proporcinándole alimentos a más de 90 millones de personas en todo el mundo cada año. En el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, queremos reconocer el trabajo de todos los trabajadores humanitarios alrededor del mundo, como es el caso de Lourdes Ibarra, que trabaja para el Programa Mundial de Alimentos en Afganistán compartimos su historia.

 

Mi vida como trabajadora humanitaria

Cada vez que llego a un nuevo lugar de trabajo, no duermo bien. He permanecido despierta en Irak, he dado vueltas en la cama en Sudán del Sur, he pasado noches sin domir en Kenia y recientemente miré fijamente el techo en Afganistán. Lo que me mantiene despierta no es el zumbido del generador o los bichos caminando por el suelo sino la idea de si seré capaz de tener éxito como trabajadora humanitaria en otro entorno difícil. Yo creo que ser trabajador humanitario es entregarse como uno mismo a servir a aquellos que lo necesitan. Yo quiero hacerle la vida más facil a los que no tienen voz ni poder, víctimas de guerras o desastres naturales, en países donde las tensiones políticas y el conflito hacen la vida "normal" imposible.

Pero proporcionar esta ayuda en crisis humanitarias complejas y confusas, puede ser muy, muy duro. Incluso si tienes electricidad, buenas carreteras, suficiente dinero y todo el personal que quieras, no es fácil organizar una operación de ayuda de emergencia. Y por supuesto, nunca tienes todas estas cosas. Tienes que improvisar, tratar de obtener bolsas de comida para miles de personas en comunidades remotas y aisladas que a menudo están afectadas por la inseguridad y desastres naturales.

Debes tratar de mantenerte saludable también. Por lo menos aquí, en Afganistán, vivo en una casa y puedo comer frutas y vegetales frescos. si lo comparo con las tiendas en que viví y el arroz y frijoles que comí durante meses en Kenia, es es un lujo.

Te enfrentas a los obstáculos que habitualmente enfrenta todo gerente en cualquier trabajo en el mundo. ¿Está escuchando la sede central lo que realmente estás diciendo? ¿Estás recibiendo apoyo al más alto nivel administrativo? A esto debes sumar el hecho de que eres mujer y jefa, que eres la única mujer en la mesa de negociaciones y que debes reafirmar tu posición en una oficina formada por cientos de hombres listos a cuestionarte. Estoy segura que muchas mujeres se identifican con esto sin importar en qué sector trabajen.

Pero estos asuntos palidecen en comparación con la gran cuestión: si tomas una mala decisión, muchas personas pueden morir. No podemos darnos el lujo de meter la pata. No en esta línea de trabajo. Cuando trabajé en el campo de refugiados de Dadaab en Kenia, vimos a miles de refugiados que llegaban desde Somalia el año pasado, huyendo de la sequía, del conflito y la hambruna. Era claro que estas personas, especialmente las mujeres y los niños necesitaban ayuda inmediata.

Bajo las leyes locales, quienes buscan asilo tienen que ser registrados antes de que puedan recibir ayuda humanitaria. Sin embargo, yo sabía que este proceso podría tomar semanas y no teníamos tanto tiempo. Teníamos que tomar una desición rápida -ir en contra de la política usual del PMA- para poder distribuir comida temporalmente a refugiados sin registro. Estoy convencida de que al hacerlo salvamos miles de vidas. A pesar de todos los desafíos, amo mi trabajo. He aprendido mucho, me ha hecho más fuerte y me ha dado más confianza. Cuando veo a una madre desnutrida con su niño recuperandose gracias a nuestra comida, y poder sonreír de nuevo, o cuando una jovencita me ve como un modelo a seguir y aspira a ser líder en su comunidad, me da las fuerzas para continuar.

Pero el apoyo más grande de todos proviene de mi familia, mis amigos y mis familiares en mi casa en las Filipinas. Los seres queridos de los trabajadores humanitarios son los héroes anónimos del mundo humanitario. Ellos oran cuando ven a Afganistán en las noticias, pasan horas en Skype conectados con Irak y mandan paquetes de ayuda a Sudán del Sur. Sin su apoyo incondicional, sería imposible luchar contra las probabilidades en el servicio a los necesitados.

Lourdes Ibarra trabaja para el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas en Afganistán.      

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